Todas las calles que conozco son un largo monólogo mío, llenas de gentes como árboles batidos por oscura batahola. 

O si el sol florece en los balcones y siembra su calor en el polvo movedizo, las gentes que hallo son simples piedras que no sé porqué viven rodando.

Bajo sus ojos — que me miran hostiles como si yo fuera enemigo de todos — no puedo descubrir una conciencia libre, de criminal o de artista, Pero sé que todos luchan solos por lo que buscan todos juntos.

Son un largo gemido todas las calles que conozco.

 “El transeúnte”, ROGELIO ECHAVARRÍA